Publicadas por
Diego Armando
el
Hace ya muchos a帽os, a principios del verano cuando los 谩rboles apenas comenzaban a verdear d谩ndonos sombra, paseaba con un amigo por la placentera orilla de un r铆o en Escocia. Un mendigo harapiento se nos acerc贸 para pedir limosna. Le ayudamos en algo, y comenzamos a conversar con 茅l. El hombre no sab铆a leer ni escribir. No sab铆a nada de la Biblia, y poco le importaba. --Usted necesita ser salvo, ¿no es as铆? --Oh s铆, supongo que s铆 –respondi贸 茅l. --Pero, ¿acaso sabe c贸mo serlo? –le preguntamos. --Creo que s铆 –contest贸. --¿C贸mo cree que puede ser salvo? --No he sido un mal hombre, y hago todas las buenas obras que puedo. --Pero, ¿ser谩n sus buenas obras suficientes para asegurarle el cielo? –seguimos preguntando. --Creo que s铆, estoy haciendo lo mejor que puedo. --¿Conoce buenas obras mejores que las suyas? --S茅 de las buenas obras de los santos, pero ¿c贸mo puedo hacerlas yo? --¿Sabe de buenas obras mejores que las de los santos? --No creo que pueda haber buenas obras mejores que l...
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